Cuidado con el infantilismo totalitario
Cuando bebes buscábamos hacer lo que nos daba la gana y nos hicimos expertos en manipular para conseguirlo. A medida que nos hacíamos niños y nuestro horizonte de posibilidades se iba abriendo, fuimos aprendiendo nuevas formas de relacionarnos con el resto del mundo. En ese aprendizaje íbamos distinguiendo lo deseable de lo posible; pero sabiendo que los límites eran flexibles y en muchos casos, reconfigurables. Además, fuimos aprendiendo de límites éticos, es decir, que hay cosas que siendo deseables y posibles, no es correcto hacer, por que causan daños injustos.
Pero no siempre aprendemos lo básico y cuando llegamos a la adultez sin distinguir lo correcto y lo posible de lo deseado, nos podemos volver un peligro público, más aún si lo que deseamos es poder, como sustantivo.
Eso les ha pasado a unas personas que conozco que desean poder para sí, cual bebes insatisfechos; pero como ellos, sin haber aprendido a relacionarse con los demás. Y entonces, cuando algunos de esos demás empezaron a cuestionarlos, buscaron la forma de deshacerse de ellos. Y cuando vieron que eran colectividades enteras las que los cuestionaban, decidieron "disolverlas". Por suerte para todos, les es imposible fácticamente hacerlo, por lo que su "disolución" no pasó de un mensaje electrónico para ellos mismos.
Todo lo cual no pasaría de una anécdota personal sino fuera porque esas mismas personas incapaces de convivir con quienes piensan distinto e incapaces de distinguir sus deseos de sus posibilidades, quieren "gobernarnos a todos" (cuál anillo del poder de Sauron) y pretenden iniciar su camino en Ica, habiéndose puesto pieles de cordero para recolectar firmas allá.
Lo más probable es que cosechen lo que vienen sembrando y su torpeza los condene a la insignificancia, pero habiendo la infinitesimal probabilidad de que alguien más vivo aproveche sus vocaciones autocráticas por poder para ellos mismos, y logre empalmar con las vocaciones autoritarias del sector de la población que no ejerce su ciudadanía, prefiero dar una primera campanada de alerta. Pues ese deseo infantil de hacer lo que les da la gana, tratando de imponerse a la realidad sin reparar en la complejidad de ésta, esa creencia de que con una declaración pueden "disolver" a conjuntos de personas con historia, memoria y organización, es la semilla de un proyecto totalitario. Y ya que un cabo exaltado que discurseaba en bares llegó a encumbrarse hasta poder enviar a decenas de países a la guerra, comenzando en Europa, es mejor prevenir que lamentar en el Perú...